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Entrevista

27 de enero de 2026.- Del sueño olímpico al camino interior: Pilar Lamadrid y su nueva etapa hacia Los Ángeles 2028. Tras vivir sus primeros Juegos olímpicos y cerrar un ciclo marcado por el aprendizaje, la windsurfista andaluza afronta el camino hacia Los Ángeles 2028 con una mirada más madura, centrada en la confianza, el disfrute y su pasión por el windsurf.

Tras cerrar su primer ciclo olímpico y con la mirada puesta ya en Los Ángeles 2028, la windsurfista andaluza Pilar Lamadrid atraviesa un momento de reflexión y reconstrucción tanto personal como deportiva. En su caso, ambas parcelas son inseparables. “Lo personal y lo deportivo van completamente de la mano. El deporte es mi forma de vida y mi manera de ver la vida repercute directamente en cómo compito”, explica. Ahora se siente en un punto de ascenso, después de una etapa en la que fue bajando poco a poco sin ser del todo consciente. Con perspectiva, reconoce que al entrar en el equipo preolímpico y en la dinámica federativa se perdió intentando entender cómo funcionaba todo. “Ahora estamos escalando de nuevo, con muchísimo aprendizaje acumulado”.

Su estreno olímpico en París 2024 fue, sin duda, un sueño cumplido. “París fue un sueño”, resume, aunque matiza que como ocurre con muchos grandes logros, el momento pasa rápido y lo que realmente permanece es el proceso. A su regreso sintió un pequeño vacío. “Volví preguntándome si aquello era realmente lo que había soñado durante tantos años. No fui capaz de disfrutar de la experiencia ni de los últimos años como me habría gustado”, confiesa. Esa sensación, lejos de frustrarla, le ha dado claridad para encarar el nuevo ciclo olímpico de una manera diferente.

El día a día de Pilar está marcado por entrenamientos, viajes y una preparación constante, y si algo le cuesta especialmente es aprender a no querer controlarlo todo. “Me pasa en el deporte y en la vida. Hay tantos factores que influyen en el rendimiento que acabas creyendo que, si los controlas todos, el resultado llegará. Y esa es la mayor mentira que nos contamos”, reconoce. Por eso, ahora trabaja en disfrutar más del presente y en “fluir un poquito más”.

El iQFOiL, una de las clases más exigentes del panorama olímpico, marca su rutina diaria. Lamadrid detalla jornadas muy estructuradas. “Me levanto tras dormir entre ocho y nueve horas, desayuno y empiezo la primera sesión, que puede ser gimnasio, cardio o navegación. Luego comemos, descansamos —si entra una siesta corta es un lujo— y por la tarde hacemos la segunda sesión”. Tras navegar, siempre hay tiempo para el análisis. “Vemos vídeos, datos, y si queda tiempo trabajamos reglas o estrategia. Cena temprano y a dormir. Seis días a la semana; el domingo descansamos”.

En este momento, la renovación del patrocinio de Puerto Sherry llega en un punto clave de su carrera. “Es fundamental”, afirma con rotundidad. Después de un año complicado en resultados, este apoyo le permite seguir un plan diferente, fuera del Equipo Preolímpico Español. “Necesito cosas distintas a las que propone la federación y eso implica gestionar mi propia campaña”. Poder entrenar en Puerto Sherry, que considera su casa, y contar con ese respaldo económico resulta decisivo, al igual que el uso de las instalaciones del Centro Especializado de Tecnificación Deportiva de Vela, sede de la Federación Andaluza de Vela en El Puerto, que también ayuda con algunos costes de su equipo técnico.

Cuando piensa en cómo le gustaría llegar a Los Ángeles 2028, Pilar no habla de resultados concretos. “Feliz, con confianza, disfrutando de lo que hago, sin miedos y con ganas de jugar”, resume. Para alcanzar ese estado, tiene claro qué necesita. “Lo principal es recuperar la confianza en mí, en el proceso y en lo que estoy haciendo”. Para ello, considera esencial rodearse de personas que quieran ayudarla a sacar su mejor versión. “No la perfecta, sino la que es mejor para mí. El material y los recursos vendrán después”.

Sobre la competencia internacional, Pilar percibe que el nivel es similar al de hace cuatro años, pero más alto en general. “El cambio de vela ha igualado mucho la flota”, explica. Israel sigue marcando el ritmo con varias regatistas, Reino Unido cuenta con la campeona del mundo, Emma Wilson, y hay nombres fuertes de Italia, Polonia, Noruega, Holanda o Nueva Zelanda. “Y si hay poco viento, siempre aparece alguna china en el top 10”, añade.

Mentalmente, su percepción de un ciclo olímpico largo también ha cambiado. “Antes pensaba que cuatro años eran eternos. Ahora me doy cuenta de lo rápido que pasa el tiempo”. Con competiciones exigentes cada temporada, como mundiales, europeos o copas del Mundo, Pilar siente que están en un examen continuo. “Los Juegos serían como la tesis final, y vivir conectada con el presente hace que Los Ángeles no se vea tan lejos”.

A pesar de los años en la élite, hay algo que sigue intacto: su amor por el windsurf. “Lo que me enamoró de niña: jugar con el viento”. Todo el esfuerzo diario tiene un único objetivo. “Llegar al agua y hacerlo mejor, leerlo, sentirlo, ir más rápido, maniobrar, conectar con la ola y la racha”. Y lo resume con una cita que la define: “Como dice Robe, el amor está hecho de viento, de puro viento”.

Cuando piensa en cómo le gustaría que se recordara su trayectoria, lo tiene claro. “Como alguien que se hizo a sí misma gracias al deporte, con trabajo, sacrificio, empatía y humildad”. No busca ser una súper estrella. “Solo alguien que lucha por sus sueños y los comparte”.

A las niñas que la ven como referente les lanza un mensaje sincero. “Que trabajen duro, porque aquí no se regala nada, pero sobre todo que disfruten navegando”. Pilar advierte del peligro de la comparación. “Cada una tiene su estilo, su físico y sus condiciones. Lo que nos debe unir es la pasión por el windsurf”.

Y si hay nombres imprescindibles en su camino, Pilar no duda. “Mi familia, sin ninguna duda. mis padres y mis hermanos”. A ellos se han sumado su pareja, Antonio Torrado, amigos, compañeros y cuerpo técnico. Pero el mayor reconocimiento es para quienes estuvieron desde el principio. “Mis padres, por inculcarme este deporte y creer en mí, y mis hermanos Fernando y Armando, por recordarme que la vida va mucho más allá de un resultado”.

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